Imogen Cunningham pertenece por derecho propio a la historia de la fotografía. Su demorada actividad a lo largo del siglo XX aunada a su talento y longevidad la sitúan como uno de los pilares fundamentales de este arte.
Ella nació en Portland, Estados Unidos, el 12 de Abril de 1883. Se acercó al mundo de la imagen al contemplar una fotografía de G. Kasebier cuando tenía 20 años y se encontraba cursando su carrera universitaria de química.
Compró una cámara que venía acompañada de un curso por correspondencia y empezó a practicar en el campus de la Universidad, donde se retrato a sí misma desnuda sobre la hierba. Atraída profundamente por la fotografía, comenzó a colaborar en el estudio de Edward S. Curtis entre los años 1907 y 1909. 
Dejó este estudio al serle concedida una beca para estudiar en Dresde, en la escuela técnica Hochschule, famosa por su alto conocimiento desarrollado en el departamento de química fotográfica.
De vuelta a E.U.A., en 1910, estableció su propio estudio, donde combinaba interiores y exteriores con una creatividad en retratos. Unas fotografías de desnudo tomadas a su marido levantaron una gran polémica debido al puritanismo de la época, lo que hizo que Imogen guardara los negativos durante 55 años.
Retirada unos años, debido a sus quehaceres familiares, de su labor profesional, coleccionó una serie de retratos familiares entrañables. De vuelta a la actividad en 1920, focalizó su atención en las formas de plantas y flores, así como de estructuras industriales y formas arquitectónicas, consiguiendo imágenes de gran plasticidad y belleza, sus imágenes tenían cargadas líneas y formas femeninas, incluso cuando no había mujeres en las fotografías. Solía emplear negativos de 20×25 centímetros.
A finales de los años veinte, Imogen era un hito en la fotografía más avanzada y experimental de la época en la costa oeste donde residía. Miembro fundador del famoso Grupo F/64, colaboró con revistas como Vanity Fair y estuvo en contacto con el cine en Hollywood efectuando numeroso retratos de los actores de la época. En Nueva York coincidió con Alfred Stieglitz, y elaboró lo que ella llamó “fotografías robadas” del ambiente de Manhattan.
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